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Bitácora 11:47 pm

Hoy vi a alguien enseñar su altar en redes. Bonito, cuidado, con su varita, su cristal, su ramo de ruda seca colgado boca abajo. Mostraba un “hechizo de protección” con una vela negra y trozos de turmalina y pirita, limones, hierbas y papel quemado, es lo que se veía en los restos.
Y en los comentarios, cien personas preguntando lo mismo con distintas palabras: «¿Cómo es que esto de verdad sirve?»

Nadie contestó.

Y no porque fueran groseros. Es que nadie sabe. Ni la persona que subió el post sabe, si soy honesta. Hizo el hechizo. No tiene ni idea de qué está haciendo, ni por qué, ni cómo se le habla, ni qué pasa si nunca lo consagró bien, o si lo consagró correctamente, pero llevaba meses sin renovarlo.

Llevamos años coleccionando hechizos y herramientas de protección sin que nadie nos explique qué demonios estamos protegiendo, de qué, ni cómo se saber si está funcionando.

Me quedé pensando en eso toda la tarde. Porque no es un caso aislado. Es algo que nos pasa prácticamente a todos. Yo incluida, durante años.

El algoritmo te enseña rápido. Eso hay que reconocérselo. Lo que no te dice es que «rápido» y «correcto» casi nunca son la misma cosa.

Un video de cuarenta segundos te puede enseñar a hacer un hechizo, pero no a saber si tenías la autoridad, la intención o el conocimiento para que ese hechizo de verdad funcionara.

Y como se ve bien en cámara, como suena convincente, lo replicamos sin preguntarnos si quien lo subió tiene siquiera la más remota idea de dónde salió eso que está diciendo.

Así que ahí estás. Con tu botiquín de bruja bien surtido. Con tu varita que te costó un trabajal hacer. Y con la misma sensación incómoda de siempre: que algo, en algún lugar, sigue sin estar resuelto.

Antes de seguir, quiero que hagas algo. No para mí. Para ti. Contesta esto, aunque sea nada más en tu cabeza:

¿Cuántas cosas de protección tienes ahora mismo sin saber exactamente por qué las tienes?

No hay respuestas incorrectas aquí. Lo único que esas preguntas te acaban de enseñar es que casi nadie contestaría distinto a ti. Y ese es justo el problema del que te quiero hablar.

Porque no es que hagas mal las cosas. Es que nunca te enseñaron las cosas, punto. Te enseñaron a comprar objetos. No te enseñaron a sostener una práctica real. Y son dos cosas completamente distintas.

La protección de verdad no depende de si el amuleto «quiere» cuidarte hoy. No es una lotería de buena suerte con incienso. Es mecánica. Es estructura. Es saber exactamente qué estás moviendo, por qué lo estás moviendo y qué evidencia tienes de que se movió, en vez de cruzar los dedos y esperar a ver si te das cuenta.

Y cuando por fin entiendes eso —cuando dejas de operar desde la duda y empiezas a operar desde el mecanismo real— pasa algo que no esperabas: dejas de necesitar que alguien más te confirme si vas bien. Tú ya lo sabes. Porque entiendes el porqué, no nada más el ritual.

La primera clase del taller la planeé de dos horas. Duró casi cuatro, y aun así solo alcancé a enseñar la mitad. Me faltó tiempo para compartir todo el material, y no pienso recortarlo.

Así que el sábado 17 de octubre, a las 2:00 p.m. hora de Ciudad de México, doy la segunda parte, en vivo. Sin prisas, sin recetas de dos minutos, sin darle vueltas a lo que ya sabes que no te sirvió.

Hasta el viernes 16 a las 8:00 p.m. puedes llevarte las dos clases por el precio de una sola y además con un precio especial: $16 USD. la primera, grabada, para que llegues al sábado con todo lo anterior, y la segunda, conmigo, en vivo. Pasado el viernes, ya no hay vivo.

Si te reconociste en algo de lo que acabas de leer, te dejo el lugar reservado aquí abajo. Ahí seguimos.

P.D. El viernes 16 a las 8:00 p.m. se cierra la entrada con las dos clases por el precio de una. Después, solo acceso a las grabaciones por el precio normal.

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